"JOSETE´S GOODBYE"
Capítulo I. "Érase una vez un hombre a una maleta
pegado"
Érase una vez un hombre a una maleta pegado que fue
citado el Viernes, 14 de Julio, en la Fuente de Goya,
en los aledaños del `Carreful´ de Getafe Norte. Por
supuesto debía venir con el equipaje y en Metrosur
hasta el lugar comentado con el fin de emprender un
viaje hacia un destino desconocido. El Metrosur no iba
escaso de viajeros pero el azar quiso que `el hombre
de la maleta´ se encontrase en los andenes con la
familia Movilla-Guillamon al completo; familia ésta
que ya había avisado a los protagonistas de la
despedida de soltero que no podrían participar de los
festejos que se les estaban preparando. Además en uno
de sus vagones también se encontró con quien está
narrando esta historia, sólo faltaba que se encontrara
con el cura que le iba a casar ocho días después...
Quien escribe, lógicamente tuvo que tragar saliva y
tirar de improvisación y reflejos para explicarle al
`hombre de la maleta´ por qué no llevaba su equipaje
consigo. Las risas y las miradas tanto cómplices como
evasivas caramboleaban entre los acompañantes de aquel
hombre con maleta roja.
La familia Movilla-Guillamón se despidió de `El
hombre de la maleta´ y de su acompañante. Éstos
llegaron al lugar señalado y se fueron juntando con el
resto de sus verdugos poco a poco, primero junto a la
fuente y después dentro del `Carreful´, donde se hacía
tiempo para que llegara todo el tropel que
supuestamente debía realizar la expedición... Todos
excepto `El hombre de la maleta´ dejaron supuestamente
sus maletas en los supuestos coches que supuestamente
se habían aparcado por la zona, con lo cual la estampa
reflejaba a un grupo de tíos entre los que destacaba
uno de ellos que iba paseando su inseparable maleta
roja de un rincón a otro del centro comercial, por la
segunda planta, por la tercera, por las escaleras
mecánicas, por escaleras no mecánicas, por la
cervecería donde se degustaron unas jarras de `zumo de
cebada´, por la pasarela y ascensor que conducían al
exterior la maleta roja seguía fielmente, cual
perrillo faldero, a ese muchacho que no dejaba de
poner muecas de no saber por dónde le daba el aire.
Los pasos del grupo les condujeron al circuito
temporal de karts que había instalado en el parking...
más latas de cerveza, más muecas de asombro y la
maleta colorada `descansando´ en una consigna
totalmente improvisada por no estar aconstumbrados a
recibir aprendices de piloto con una maleta pegado a
uno mismo como si de un Fernando Alonso, caminando por
el `paddock´, se tratara. Mientras que la exhausta
maleta se recuperaba de su inesperada caminata, con
dolor de ruedas y con la ropa dándole vueltas por el
estómago, Andrés, Manolo, Raúl, Perico, Óscar, Jesús y
`El hombre de la maleta´ disputaron unas tandas
automovilísticas en las que los piques deportivos no
faltaron y la diversión experimentada dejó huella por
lo que se tiene intención de repetir la experiencia...
de montar en karts, no de pasear con una maleta
adherida.
Posteriormente, la `manada´ emigró al cercano Keops,
bueno, cercano si no tienes que llevar equipaje,
claro, donde se devoraron aperitivos, tapas y
cervezas...`El hombre de la maleta´ ya no sabía si
llegaría la hora de zarpar o no, pero lo que no se
esperaba es que tuviese que volver a altas horas de la
madrugada, con el Metrosur ya cerrado, hasta el centro
de Getafe tirando de su compañera escarlata, eso sí,
acompañado de la mayoría de la expedición; A modo de
Don Quijote del Siglo XXI, la Glorieta de las Tinajas
Gigantes, el Parque de Castilla-La Mancha, el
monstruoso `Lazo´ y la Universidad sirvieron de
escenario par el periplo del Caballero de la Triste
Figura, con la diferencia de que Rocinante había sido
suplantado por una maleta de plástico duro. Se
procedió a tomar la `penúltima´ ya únicamente con
Andrés, Perico, servidor, el homenajeado y
naturalmente, su maleta, en el Marengo, donde la gente
miraba de reojo al extraño personaje que se escondía
tras una mueca de surrealismo, a su acompañante
inanimado y a los tres escuderos que le quedaban.
La idea era dejar al `segoviano´ en su casa sin más,
sin darle explicación de si eso era ya toda la
despedida o, mejor dicho, asegurándole que eso era
todo, que como sabíamos que sólo quería una noche de
despedida en vez de todo el fin de semana, pues que
esa que acababa de vivir había sido su homenaje,
ahondando en su cara de póker, para posteriormente
llamarle o mandarle un SMS y volverle a citar el
Sábado a las 10:00 de la mañana... La llamada
`Maldición de la Penúltima´ hizo que recibiese la
llamada en el Marengo, por lo que el efecto de
desconcierto final menguó, aún así la estampa de ese
hombre a una maleta pegado es algo imborrable para los
anales judiones y digno de la expresión publicitaria
de `hay cosas que no tienen precio´...
(Mañana, el Capítulo II)
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